Fue como si todo conspirara a un bien común. Estrellas, astros y dioses sin dudas en su proceder. La noche cae lentamente sobre mis hombros y el sonido de lo inevitable me atormenta. Una lúgubre vacilación que completa la escena, con leña consumida y calor imperceptible. Verdades que no reclaman certeza, sino una búsqueda de lo que, en el peor de los casos para mí, no existiera. Esto, hablando en el campo de la realidad, porque en lo que a mi mente respecta, nace y cobra vida en cada una de sus miradas.
Las horas me superan y aun sin perder esperanzas, espero su calidez en algún punto de la velada.
Y sin querer maldecir, lo pienso y trato de encontrar un modo para no abandonar la ingrata espera de la visita. Una sonrisa y vuelvo a suspirar. Porque esto es como agonizar en la tupidez del espesor que nos envuelve tristemente, por separado.
« ESTADO POCO VIABLE | Inicio | MIENTRAS SUEÑA »

Escribe un comentario